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Pediatría

¡¡Las eternas «FAKE NEWS» de la Pediatría!!

Hoy hablamos sobre los mitos con los que los pediatras lidiamos a diario en las consultas y las urgencias de pediatría.

Cuando nace un bebé, las familias reciben un sinfín de recomendaciones y consejos acerca de la crianza, muchas veces sin pedirlos. Abuelos, padres, amigos…¡¡Todos opinan y todos saben!! No dudamos que todas las recomendaciones son bienintencionadas, sin embargo, muchas de ellas esconden falsas creencias que conviene conocer para no caer en ellas.

Podríamos estar hablando durante páginas y páginas acerca de este tema, pero hay que resumir, así que vamos a tratar en este “post” » aquellas creencias más arraigadas en la sociedad, y que pueden generar estrés, preocupación y culpabilidad innecesaria.

La “reina” de los mitos pediátricos, es sin duda, la FIEBRE. Cuántas veces hemos oído aquello de: “Está con fiebre y me da miedo porque no le baja”, “La fiebre alta provoca convulsiones” o “Tiene fiebre, ¿podría ser por los dientes?”.

Bien, vamos a intentar desmontar esta “fiebre fobia” o temor a la fiebre. La fiebre no es una enfermedad, sino un síntoma que aparece en respuesta a que nuestro organismo está intentando evitar la replicación de gérmenes cuando hay una infección, generalmente vírica y en ocasiones causada por bacterias u otros microorganismos. La gravedad viene indicada por el estado general del niño (decaimiento, irritabilidad, somnolencia, mala coloración cutánea, presencia de manchas en la piel que no desaparecen a la presión, dificultad para respirar, vómitos que no permiten tolerancia…) y no por cuánto de alta sea la fiebre (ahora bien, temperaturas > 41ºC, si sería recomendable consultar a su pediatra). No tenemos que obsesionarnos con descender la fiebre sí o sí, lo que queremos es tratar el malestar o dolor asociado a la fiebre. Las convulsiones asociadas a la fiebre suelen producirse por grandes oscilaciones de temperatura y pueden ocurrir tanto asociada a fiebre “alta” (> 39ºC) como con fiebre “baja” (<39ºC). En cuanto a la fiebre y la dentición, recordaros que ésta última puede elevar levemente la temperatura (generalmente puede ocasionar febrícula) pero temperatura >38ºC, son producidas por procesos infecciosos. Aquello que sí se relaciona con la dentición, es el incremento del babeo y la irritación gingival.

 

Siguiendo con los DIENTES, habéis oído alguna vez que,  “Las caries en los dientes de leche no son importantes”. Pues bien, esta afirmación es totalmente falsa pues las caries causan dolor y pueden provocar infecciones en los tejidos adyacentes. Además incrementan el riesgo de desarrollar caries en los dientes permanentes e incluso pueden afectar al esmalte de éstos. El riesgo de caries aparece desde la erupción del primer diente, por este motivo es tan importante su prevención. Para evitar su aparición es fundamental el cepillado mediante un cepillo de cerdas suaves y pasta con al menos 1000 ppm de flúor, al menos dos veces al día y siempre antes de dormir. En niños menores de 3 años, la cantidad de pasta que utilizaremos será del tamaño de un grano de arroz, y en los mayores de 3 años, podemos incrementar la cantidad de pasta al tamaño de un grano de guisante.

Y entonces, si “las caries se heredan, ¿para qué tengo que hacer tanto hincapié en el cepillado, si mi hijo las va a heredar de todas formas?”.

Por un lado, es cierto que la aparición de las caries se produce por una disbiosis dependiente de azúcar, habiendo personas más susceptibles que otras, pero la causa FUNDAMENTAL de la proliferación de las bacterias que ocasionan las caries es, sin duda la escasa higiene bucal y el exceso de ingesta de azúcares. Así que ya sabéis, lo más importante es crear buenos hábitos, porque eso, ¡eso sí que lo van a heredar!

 

Otro tema que suele generar múltiples conceptos erróneos entre las familias es el empleo de VITAMINAS. Es importante que nuestros hijos reciban el requerimiento mínimo diario de vitaminas, pues nuestro cuerpo no es capaz de sintetizarlas y éstas son necesarias para su correcto funcionamiento. Ahora bien, debemos saber que en nuestro medio, las carencias de vitaminas por la dieta son excepcionales, y siguiendo una dieta variada y equilibrada se garantiza el aporte de estos requerimientos mínimos.

Por este motivo, hay que fomentar que nuestros “peques” reciban las vitaminas que necesitan creando hábitos saludables de alimentación y evitar sobremedicar con complementos alimenticios o multivitamínicos. Por todo esto, aprovechamos para desmentir que “las vitaminas siempre van bien y por tomarlas no van a ocasionar daños a nuestro hijos”. Esta afirmación no es correcta, ya que si las administramos en exceso podemos producir una intoxicación, especialmente con las vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E, K), pues éstas se van almacenando en el tejido adiposo de nuestro organismo pudiendo desencadenar serios problemas para la salud de nuestros hijos.

Por lo tanto, en las únicas ocasiones en qué vamos a suplementar con vitaminas, y siempre bajo prescripción de nuestro pediatra son:

-Vitamina K a los recién nacido para evitar la enfermedad hemorrágica

-Vitamina D3 en los menores de 1 años que toman lactancia materna o aquellos que toman lactancia artificial con aportes menores de 1 litro al día.

-Vitamina B12 en vegetarianos y veganos.

-En cualquier déficit de vitaminas confirmado analíticamente.

 

Bueno, aunque soy consciente de que quedan muchas falsas creencias en el tintero, hasta aquí puedo extenderme. Espero que al leer estas líneas, os haya podido resolver alguna duda y sobre todo, animaros a que contrastéis todas las informaciones, opiniones o consejos con vuestro pediatra y que, no dejéis de usar el sentido común, que a veces no es tan común.

Júlia Gramage Tormo

Pediatría

HLA Vistahermosa